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Los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, conocida como la Iglesia Mormona, creen que Dios el Padre y Jesucristo aparecieron a José Smith cuando él era un joven de 14 años. En su visita a José, Dios el Padre y Jesucristo llamaron a José para ser un profeta, y lo instruyeron en cuanto a la iglesia verdadera y como restaurarla. Es esencial que los mormones crean que José verdaderamente vio a Dios y a Jesucristo, porque creemos que Dios llama a profetas para proclamar su palabra al mundo. El Presidente Hinckley, el profeta actual de la Iglesia ha dicho lo siguiente en cuanto a la Primera Visión: “Nuestra fortaleza entera se basa en la validez de esa visión. O sucedió o no sucedió; si no ocurrió, quiere decir que esta obra es un fraude; si ocurrió, quiere decir que es la obra más importante y maravillosa debajo de los cielos.” Cristo es perfecto y no lo pueden ver los inicuos e impuros, así que restauró su verdadero evangelio por medio de un joven, puro en corazón, inocente y dispuesto a escuchar a todo lo que Él diría sin agregar sus propias ideas. Dios siempre ha utilizado profetas como mensajeros y ellos comparten la palabra de Dios para que las personas cumplan su propósito en esta vida y prepararse para presentarse ante Dios.

La Historia de JoséEditar

La historia de José empieza en el Segundo Gran Despertar. En esa época, el joven José estaba rodeado por una agitación religiosa. En su historia personal, registrada en la Perla de Gran Precio, el dice, “grandes multitudes se unían a los diferentes partidos religiosos, ocasionando no poca agitación y división entre la gente.” Parte de su familia se unió la Iglesia Presbiteriana, pero con toda la agitación y discusiones entre las diferentes sectas, José no podía decidir a cual unirse. Una noche, mientras estudiaba la Biblia, se encontró con un pasaje en Santiago 1:5, “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” Esta escritura penetró el corazón de José con tanta intensidad que meditó en este pasaje repetidas veces, y al fin decidió que el necesitaría preguntarle a Dios.

Entonces, a comienzos de la primavera de 1820, José entro una arboleda, ahora conocida como la Arboleda Sagrada, se arrodilló para orar en voz alta por la primera vez en su vida. José relata lo siguiente de la experiencia que tuvo:


“Después de apartarme al lugar que previamente había designado, mirando a mi derredor y encontrándome solo, me arrodillé y empecé a elevar a Dios el deseo de mi corazón. Apenas lo hube hecho, cuando súbitamente se apoderó de mí una fuerza que me dominó por completo, y surtió tan asombrosa influencia en mí, que se me trabó la lengua, de modo que no pude hablar. Una densa oscuridad se formó alrededor de mí, y por un momento me pareció que estaba destinado a una destrucción repentina.

“Mas esforzándome con todo mi aliento por pedirle a Dios que me librara del poder de este enemigo que se había apoderado de mí, y en el momento en que estaba para hundirme en la desesperación y entregarme a la destrucción —no a una ruina imaginaria, sino al poder de un ser efectivo del mundo invisible que ejercía una fuerza tan asombrosa como yo nunca había sentido en ningún otro ser— precisamente en este momento de tan grande alarma vi una columna de luz, más brillante que el csol, directamente arriba de mi cabeza; y esta luz gradualmente descendió hasta descansar sobre mí.

“No bien se apareció, me sentí libre del enemigo que me había sujetado. Al reposar sobre mí la luz, ví en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mí nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!”

Como José había ido a la arboleda para preguntar cual iglesia era la correcta, y a cual debía unirse, el preguntó. La repuesta que recibió no se la esperaba, le dijeron que no se uniera a ninguna de ellas.

ConclusiónEditar

José recibió mucha más información, pero muy poca fue registrada en ese tiempo. A pesar de la gran persecución que José recibió por afirmar que había visto a Dios y a Jesucristo, el continuó testificando de su gran visión. Poco a poco, más y más personas empezaron a creerle, y hoy, más y más personas siguen creyendo la verdad de la Primera Visión. Los misioneros mormones por todo el mundo relatan la maravillosa experiencia de José y llevan el mensaje, a aquellos que lo deseen, el gozo de un evangelio restaurado por Dios.